Para En los noventas la presencia de la familia Ballumbrosio se afirmó más en el panorama de la música peruana. Amador había fusionado su música con Miki Gonzales y había viajado al exterior para dar a conocer más de lo que sabía hacer.
En el 2001, un cuadro de diabetes complicó su salud y le causó una hemiplejia. Permanecía en casa, ahora oyendo y mirando a sus pupilos, hablando de a pocos. Así soportó el terremoto del 2007, junto a su eterna compañera Natalia Guadalupe. “Ella me cuida porque se acuerda muy bien que cuando se casaba el cura le dijo: Estarán juntos hasta que wañuycca (la muerte, en quechua) los separe”. La casa que había construído en 1962 superó al movimiento de la tierra que ya no era causado por su feroz zapateo.
Amador tuvo que volar a tocar su violín ante el Niño Dios un 8 de junio del 2009. Volar como lo describía el poeta César Calvo en ese eterno cortometraje en blanco y negro. ‘Champita’ y sus hijos, y el trabajo, y sus pies sacando música a la tierra, y el violín que continúa cantando, que sigue siendo.

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